Friday, 30 January 2009

Darwiniana I

Estoy sentada en la biblioteca de Darwin College, mirando hacia el río Cam. Desde la ventana sigo el vuelo de las gaviotas, el pedaleo de los ciclistas y el calmado hundir de las varas en el río para empujar las bateas. Este lugar es único, y justo lo que yo buscaba. Cuando vine a Cambridge, de entre los treinta y un colegios adscritos a la universidad, escogí ser miembro de Darwin. No por lujo –es de los más modestos–, ni por pedigrí –es de los colegios más nuevos. No, lo escogí porque ninguna de las asociaciones que me inspiraba desde el oscuro mundo de las solicitudes académicas me daba comezón.


Darwin fue fundado en 1964 como el primer colegio mixto, es decir para hombres y mujeres. Fue el primero fundado para postgraduados, lo que lo hace quizá el más internacional del pueblo, con más de cincuenta países representados. Y fue, además, el primero en eliminar muchos de los convencionalismos jerárquicos que impregnan la vida colegial cantabrigense, como la high table –la separación entre la “mesa alta”, exclusiva para los fellows del colegio, y la “mesa baja”, para los estudiantes–, el uso de la famosa túnica o gown para cuanta ceremonia se imagine, o la prohibición de pisar el césped. Ahora que hago esta lista me es evidente que escogí venir a Darwin para huir de lo religioso –que sobre el papel yo asociaba con los nombres Trinity, St John’s, Corpus Christi–, y de lo monárquico y nobiliario –King’s, Queen’s, Pembroke. Darwin para mí representaba lo progresista, lo equitativo, a lo que realmente había que aspirar, pues, viniendo de un país donde equidad y desarrollo son, en algún grado, temas pendientes.


Ahora que arranca el doble año de Darwin, bicentenario de su nacimiento y ciento cincuenta aniversario de la publicación de El origen de las especies, no me puedo imaginar mejor lugar para celebrarlo. Mucho del espíritu darwiniano permea las paredes del colegio todo el tiempo: en la casa misma, que perteneció a George, uno de los hijos del naturalista, en los retratos de su esposa en la sala de lectura, en los grabados de su nieta Gwen Raverat en las paredes de la escalera y, obviamente, en la inmensa colección de sus obras en la biblioteca. Darwin está aquí. Más presente, imposible.


Desde mi escritorio en el colegio homónimo, a la orilla del río Cam, yo también celebro el inicio del jubileo de Charles. Decido hacerlo con sabor a casa, con algo de humor mexicano. A partir de hoy cargo mis papeles en un bolso que compré en una librería en Coyoacán. El bolso tiene impresa una caricatura de Darwin, muy en el tenor de la sucinta descripción de la teoría evolutiva que hizo recientemente el comediante Eddie Izzard en Londres: "monkey, monkey, monkey... you".

Thursday, 29 January 2009

A rodar mi vida

No tengo muy claro por qué, pero hoy después de seis meses volví a andar en bicicleta. En la mañana la desencadené y la saqué de su olvidado rincón del jardín. Le arranqué los retoños de plantas que habían empezado a crecer en la cadena y en las ruedas. Le limpié el asiento y el manubrio, y la llevé al mercado para que le pusieran aire y aceite por £1 libra. Quedó preciosa.

Quise fingir naturalidad. Subirme de nuevo sin gran preámbulo, como si no hubiera pasado el tiempo. Casi lo logro. Casi. En mi primer intento, torpísima, no pude controlar el manubrio y choqué con un auto estacionado al buscar subirme a la bicicleta con la falda recta que traía. No me dio el ancho. Ya a la segunda vez salió. Zigzagueé un poco al principio, pero tan pronto agarré vuelo y sentí el viento en mi cara volví a ser feliz. Volví. Tregua al bossa nova.

Tuesday, 20 January 2009

¿La "H" es muda?

Barack H. Obama, 44o presidente de EUA, hoy, 20 de enero de 2009:

"We have chosen hope over fear"

"Starting today, we must... begin again the work of remaking America... a nation cannot prosper long when it favours only the prosperous".

"We reject as false the choice between our safety and our ideals... our power alone cannot protect us, nor does it entitle us to do as we please; our power grows through its prudent use; our security emanates from the justness of our cause".

"We are shaped by every language and culture, drawn from every end of this Earth... To the people of poor nations, we pledge to work alongside you to make your farms flourish and let clean waters flow; to nourish starved bodies and feed hungry minds. And to those nations like ours that enjoy relative plenty, we say we can no longer afford indifference to suffering outside our borders; nor can we consume the world's resources without regard to effect. For the world has changed, and we must change with it".

"What is required of us now is a new era of responsibility - a recognition, on the part of every American, that we have duties to ourselves, our nation, and the world".

Saturday, 17 January 2009

1209-2009

Esta noche arrancaron las celebraciones del 800 aniversario de la universidad. Al picar de la campanas, el pueblo se llenó de luz; las calles, de banda: jóvenes recién llegados, profesores eméritos, parejas, viejos, niños en carreolas. Toda la comunidad salió a pesar del frío. La timidez dio tregua por quince minutos, mientras el cónclave cantabrigense vio pasar episodios de su historia en las luces proyectadas en Senate House. Hubo sonrisas. Quejas por no ver bien. Tolerancia ante la proxémica atropellada. Cientos de cafés sorbidos al unísono. Pequeños concursos privados para identificar cada imagen, cada referencia. Ojos húmedos ante la grandeza del pasado. Ojos abiertos ante el reto del futuro. Por quince minutos, hubo la tenue ilusión de pertenencia. La BBC reporta.
Historiadores recuentan. Exalumnos ilustran.

Thursday, 15 January 2009

El primer domingo


Ahora que estoy adaptándome de nuevo a la pérfida Albión vuelven a mí recuerdos de otras llegadas. En particular de la primera, de ese primer domingo en el pueblo y la irrepetible experiencia de ver todo con ojos nuevos. Aquel 24 de septiembre de 2006, esto es lo que registré:

"Estoy sentada en una banca, en los jardines de Darwin College. Atardece. Me duelen un poco los pies y los hombros, porque he estado caminando todo el día. Pero el cansancio no opaca mi felicidad. Este sitio es una maravilla, es bellísimo. Me parece increíble que aquí me tocará estar los próximos años, que a esto me podré acostumbrar. Cambridge es un pueblo bicicletero, es verdad, pero lleno de carácter. Cada calle, cada puerta, cada escalera, cada puente, tiene carácter. Y no es sólo la edad –la universidad tiene 797 años–, es el estilo. Aquí hay un estilo que combina sobriedad y grandeza, sencillez y tradición, sin crear sensación de antigüedad. Nada se siente obsoleto. Lo viejo convive con lo nuevo y se mezcla espontáneamente de manera armoniosa. Es un misterio, realmente, pero funciona. Hoy desperté en mi nueva cama –una individual, hacía muchos años que no dormía en una individual–, después de una larguísima jornada de viaje. Un vuelo retrasado y dos horas de autobús fueron el preámbulo para llegar a Cambridge, que me recibió con un clima sorprendente. ¡Hacía calor!, y en la ciudad se respiraba todavía aire veraniego. Era noche de sábado y la gente andaba en la calle, entaconada, buscando sitios para cenar, para tomar un trago. Desde el autobús se veía una atmósfera festiva y juvenil, rica. Tomé un taxi para llegar al colegio, donde me dieron llaves, almohadas, duvet y señas para llegar a mi nueva casa. Afortunadamente la encontré pronto, justo a la vuelta: la Gwen Raverat House, que es la residencia más nueva que tiene Darwin. Desempaqué, me comí la última mitad de un sándwich BLT (bacon, lettuce and tomato, ah cómo abundan las siglas por aquí) y caí rendida a las diez de la noche. Así que hoy, el primer domingo, tenía muchas ganas de explorar y pasé el día caminando."


"Comencé mi recorrido con un café y un muffin de limón y semilla de amapola (aunque sin efectos alucinógenos) en el Café Nero de King’s Parade, la calle principal. Anduve por todo el centro, identificando los lugares importantes para mí. Primero quise ubicar los colleges viejos: King’s, Trinity, Saint John’s. En mi caminata por la calle principal –que a la usanza chilanga cambia de nombre a cada cuadra y de acuerdo con lo que hay: primero Trumpington Street, luego King’s Parade, luego Trinity Lane, luego Saint John’s Street–, de pronto me topé con una pequeña escalera hacia abajo y un letrero diminuto que decía 'Footlights'. Recordé que Footlights es el grupo de teatro al que pertenecieron varios de los miembros de Monty Python, y también Emma Thomson, Stephen Fry, Hugh Laurie y otros britactors que disfruto tanto."


"Continué hacia el corazón el pueblo: la plaza del mercado, donde me quedó claro que el origen de Cambridge fue un pueblo comercial, un market town. Ya andando en onda de compras, pasé a Sainsbury's, el super del centro. Allí compré los primeros básicos, incluido un gel de baño reavivante, a base de bergamota, que huele delicioso, y mi primer paquete de té. De regreso en la calle principal, en ese tramo Trinity Lane, pasé por Heffers, la librería tradicional. Ahí me consentí y, como no había querido cargar nada desde México, compré el primer libro de mi vida cantabrigense: 'Period Piece' de Gwen Raverat, nieta de Darwin, y mujer en cuyo honor nombraron la casa en donde vivo. 'Period Piece' es el libro de sus memorias juveniles mientras vivía en este pueblo de académicos, y ha tenido tanto éxito que nunca ha estado descontinuado desde su publicación en 1952. También en Heffers descubrí con gusto una sección que en tono algo imperativo se llama 'Read these (or your brain will shrink): the books every university student must know' y en ella encontré tres libros que han llegado a mí por una u otra razón, casi siempre relacionada con B: 'Emergence' ('Sistemas emergentes', en español) de Steven Johnson; 'On bullshit', de no-recuerdo-qué Frankfurt; y 'Freakonomics' de un par, cuyo nombre tampoco recuerdo. De paso, compré también mis primeras tazas para té en la librería. Éstas tienen detrás una larga leyenda en verso, y en broma, sobre las disciplinas del conocimiento: 'argue in archaeology, buzz in biology, chat over coffee, dream in divinity...'. El punto concluye con que 'whatever the subject we have it at Heffers'. Me mataron, por supuesto, por eso de la onda enciclopédica."


"Y ya que me había metido a temas más serios, busqué mi departamento académico, Historia y Filosofía de la Ciencia, o HPS, como lo llaman todos aquí. Más siglas, nótese. Está bastante cerca de Darwin, y más céntrico imposible, en Free School Lane (me encantó el nombre), la misma calle del antiguo Laboratorio Cavendish, donde en 1897 JJ Thomson descubrió el electrón. Estaba cerrado por ser domingo, pero pude empezar a visualizar el camino que habría de tomar todas las mañanas por los próximos tres años. Al salir de Free School Lane, me topé con The Eagle, el pub en el que, según la leyenda, Watson y Crick visualizaron la estructura del ADN."


"Medio saturada y medio hambrienta, emprendí mi regreso a Darwin por Mill Lane. Pasé por el Board of Graduate Studies, el departamento de Estudios Latinoamericanos y el University Centre, también llamado el Grad Pad (el refugio de los estudiantes de postgrado originalmente), donde está la Gates Common Room, en donde los becarios podremos trabajar mientras nos ubican en nuestros departamentos académicos, si es que logramos no distraernos con la preciosa vista del río que hay desde allí."


"Ya se está haciendo de noche y el jardín va quedando oscuro. Siguen escuchándose el ruido del agua y las risas ocasionales de quienes están haciendo canotaje en el río, aquí mismo, dentro del college. Va siendo hora de caminar los cincuenta pasos que me separan de Gwen Raverat House, de prepararme un té, y de seguir escribiendo mi capítulo para Santillana. Y mañana, a la campiña con la banda Gates. Espero sobrevivir."

Hoy, dos años y un tercio después, algunas cosas han cambiado. Desde hace tres meses camino en vez de andar en bici porque he descubierto que la mejor manera de combatir la depresión del invierno es traer bossa nova en el ipod (y el ipod y la bici no combinan bien). Este año, la universidad cumple ya 800 años y se preparan indecibles celebraciones. Mi cama ya no es individual. Ya no vivo en Gwen, sino más allá del 'reality check point', apodo que se le da a un punto en el parque Parker's Piece, que marca el inicio del Cambridge real, el Cambridge de las familias, los trabajadores, los inmigrantes, no el de los colegios. Ya no voy a Café Nero que a la distancia parece muy de cadena, sino a Bennet's, un lugarcito pequeño y familiar donde hacen café italianesco y me tratan con calidez. Ya no estudio en particular la enciclopedia de Diderot y D'Alambert, sino los flujos de conocimiento sobre historia natural mexicana en todo tipo de textos, imágenes, y objetos, en el caso del colibrí. Hoy sé que Free School Lane se llama así porque allí se estableció, literalmente, una escuela gratuita en en siglo XVII. La leyenda de Watson y Crick hoy me parece irrelevante sin el reconocimiento al trabajo de Rosalind Franklin, cuyos insumos hicieron todo posible. El Board of Graduate Studies ha pasado de ser el benévolo organismo que me admitió, a ser la conmidatoria entidad que recibirá mi aún incipiente tesis. Mi oficina ya no es la sala Gates, sino el edificio Mond, antes parte del laboratorio Cavendish, en el departamento de Historia y Filosofía de la Ciencia. Y sobre todo ya no tengo los ojos tan nuevos. Cuando leo esto los puedo recordar. Cada vez que regreso al pueblo, algo queda de ellos. Pero no, no se comparan con los de esa primera vez en que todo entró sin filtro, sin sabor a distancia, sin recuerdo del invierno y de la oscuridad. Nada como aquel primer domingo.

Wednesday, 14 January 2009

Reforma

Desde el autobús que me llevará de regreso a mi ático, miro por la ventana. Aún estamos en la estación central de autobuses de Heathrow. Las conversaciones de la gente alrededor son amortiguadas por los audífonos. Hay chipi chipi, pero no tanto frío. Qué pronto estoy aquí de vuelta. México fue y vino. Esta vez me tuvo reflexiva y nostálgica, presa de muchas horas de cama por un trío de resfriados y el regreso del asma. Fue un paréntesis hogareño y entrañable, pero no falto de descubrimientos. Descubrí a Pocoyó, con su voz de cuatro años que me sabe a café de la mañana y a primer hilo de sol. Los taquitos de pescado y la salsa de habanero y limón. Los tés endulzados con Broncolín etiqueta verde. "It's a wonderful life", "Meet John Doe" y "Citizen Kane". La risa nueva de Isabella y la renovada magia de Isabel. Un vuelo de pájaro por la vida de Bernardo Reyes en el Museo del Noreste. El pan de yema del mercado de Oaxaca. Que el mezcal de pechuga no existe. Córdoba y el patio donde Iturbide y O'Donojú firmaron el arranque de la entelequia que llamamos "México". La diversión de jugar al spa y de los nuevos cortes de pelo. Una Teapot One para Mich. Lo completa que es la tarde en el Azul y Oro. Lo emocionante que puede ser la tarde en CWE, el mundo de mis papás. Los abecedarios de Paola. La generosidad de Cynthia. La apertura de Daniela. El acertijo de Carmen. Que demasiada inteligencia no. Que color y material significan. La barba de B. ¿Qué me faltó? Abrazar a Mónica y Ariadna que parieron, cada una, a su poli. ¿Qué me traigo? A XSariñana, descubrimiento tardío, cuya "Reforma", en este instante, le pone tema al regreso.