
Día feliz hoy que surge Conocimiento útil, la bitácora de la Fundación Este País. A un lustro de mis últimas sesiones in situ en la FEP, celebro con ellos el arranque de esta etapa de renovado entusiasmo y creatividad. Enhorabuena Fundación.

La semana pasada estuve un par de días en la sala de libros raros de la biblioteca estudiando la Historia Naturae, Maxime Peregrinae del Jesuita Juan Eusebio Nieremberg (Amberes, 1635). Mi objetivo principal era, como siembre, buscar al colibrí. Lo encontré con su nombre genérico en náhuatl "hoitzitziltótotl", siguiendo a Hernández, y luego, siguiendo a Clusius, como "ourissia" o "rayo de sol" en el Brasil precolombino y como "tominejo", el nombre castellano derivado del "tomino" una medida de peso. Pero luego encontré algo emocionante y, para mí, entrañable: la imagen y la descripción de la Herba Mimosa de Nieremberg, también con base en Hernández. Esta imagen es un espontáneo epílogo para la entrada Mimosa Pudica de hace unos meses.
En el tono aparentemente inocente pero claramente inquisitivo que me cargo con frecuencia solté un: "¿y...la flor del baño, qué onda?, ¿hay alguna historia detrás?" A lo que B, con su serena claridad respondió: "sí, tiene mucho tiempo, la tengo desde Inglaterra". Ajá. Información más allá de lo evidente. Fiu. Pero hasta allí llegó su respuesta. Y aunque yo también había pasado largas temporadas en la isla para mi maestría, en ese tiempo no me topé con las flores de tela amarillas y, si lo hice, nunca supe su significado. Así que, con algo de pena por admitir que para mí la clave "Albión" no era suficiente, pregunté: "¿y qué significa?". B, sonriente y sorprendido, como siempre que podía enseñarme algo, dijo: "ah, pues, la lucha contra el cáncer". Mmmm, ok, jamás lo hubiera imaginado. El presunto desodorante de ambiente era todo un statement por una causa. Ya con esta pieza de información, pude discernir lo que decían el resto de las borrosas letras del letrerito azul: "Marie Curie Cancer Care", el nombre de una de las más grandes ONGs del Reino Unido, dedicada a la investigación y el cuidado de los enfermos de cáncer.
Creo que lo debo aceptar. Pensar en español mientras vivo en un entorno angloparlante es un buen ejercicio, sin duda, pero también un acto que genera confusión. Sobre todo cuando debo agarrar vuelo al escribir una tesis en idioma ajeno. Hasta ahora me ha encantado la espontánea separación entre mi idioma de trabajo, el inglés, y mi idioma de confianza, el español: el de los placeres, los mensajes a los amigos, el del Gabinete. Pero me empieza a parecer que algo de flexibilidad entre los dos, quizá sólo por un tiempo, me vendría bien. Doy la bienvenida, pues, a la pochez, y ya veremos a dónde va el Cabinet.
Hasta este punto todo va muy bien en la clase. Los alumnos observan las flores, cuentan estambres y pistilos y luego buscan en un diagrama como éste, originalmente pintado por Ehret para Linneo, a qué clase y orden pertenece su objeto de estudio.
Muchos siguieron a Linneo en sus antropomórficas descripciones de las plantas, incluso en el terreno de la poesía. Uno de los más célebres fue Erasmus Darwin, pionero de la evolución y abuelo del últimamente multicelebrado Charles. En su poema The Loves of Plants (1791), Erasmus escribió: "The freckled Iris owns a fiercer flame, / And Three unjealous husbands wed the dame." Estos versos, que fuera de contexto podrían haber sonado a escándalo mayúsculo en el XVIII, nos llevan a una deducción. Según la demostración de hoy, esa "fleckled Iris", mi tocaya por partida doble, con sus tres esposos no celosos, no es otra cosa que una Triandria Monogynia, la flor japonesa Iris ensata, conocida como la geisha pecosa.
No tengo muy claro por qué, pero hoy después de seis meses volví a andar en bicicleta. En la mañana la desencadené y la saqué de su olvidado rincón del jardín. Le arranqué los retoños de plantas que habían empezado a crecer en la cadena y en las ruedas. Le limpié el asiento y el manubrio, y la llevé al mercado para que le pusieran aire y aceite por £1 libra. Quedó preciosa.
Barack H. Obama, 44o presidente de EUA, hoy, 20 de enero de 2009:
Esta noche arrancaron las celebraciones del 800 aniversario de la universidad. Al picar de la campanas, el pueblo se llenó de luz; las calles, de banda: jóvenes recién llegados, profesores eméritos, parejas, viejos, niños en carreolas. Toda la comunidad salió a pesar del frío. La timidez dio tregua por quince minutos, mientras el cónclave cantabrigense vio pasar episodios de su historia en las luces proyectadas en Senate House. Hubo sonrisas. Quejas por no ver bien. Tolerancia ante la proxémica atropellada. Cientos de cafés sorbidos al unísono. Pequeños concursos privados para identificar cada imagen, cada referencia. Ojos húmedos ante la grandeza del pasado. Ojos abiertos ante el reto del futuro. Por quince minutos, hubo la tenue ilusión de pertenencia. La BBC reporta. 





Desde el autobús que me llevará de regreso a mi ático, miro por la ventana. Aún estamos en la estación central de autobuses de Heathrow. Las conversaciones de la gente alrededor son amortiguadas por los audífonos. Hay chipi chipi, pero no tanto frío. Qué pronto estoy aquí de vuelta. México fue y vino. Esta vez me tuvo reflexiva y nostálgica, presa de muchas horas de cama por un trío de resfriados y el regreso del asma. Fue un paréntesis hogareño y entrañable, pero no falto de descubrimientos. Descubrí a Pocoyó, con su voz de cuatro años que me sabe a café de la mañana y a primer hilo de sol. Los taquitos de pescado y la salsa de habanero y limón. Los tés endulzados con Broncolín etiqueta verde. "It's a wonderful life", "Meet John Doe" y "Citizen Kane". La risa nueva de Isabella y la renovada magia de Isabel. Un vuelo de pájaro por la vida de Bernardo Reyes en el Museo del Noreste. El pan de yema del mercado de Oaxaca. Que el mezcal de pechuga no existe. Córdoba y el patio donde Iturbide y O'Donojú firmaron el arranque de la entelequia que llamamos "México". La diversión de jugar al spa y de los nuevos cortes de pelo. Una Teapot One para Mich. Lo completa que es la tarde en el Azul y Oro. Lo emocionante que puede ser la tarde en CWE, el mundo de mis papás. Los abecedarios de Paola. La generosidad de Cynthia. La apertura de Daniela. El acertijo de Carmen. Que demasiada inteligencia no. Que color y material significan. La barba de B. ¿Qué me faltó? Abrazar a Mónica y Ariadna que parieron, cada una, a su poli. ¿Qué me traigo? A XSariñana, descubrimiento tardío, cuya "Reforma", en este instante, le pone tema al regreso.
Este es el pequeño gabinete de naturalia plástica de Paola, mi sobrina de cinco años. Sobre su cama con colcha de Ariel, la sirenita, Pao ordena, por colores, su colección de mariposas y culebras, regalos de los que nos hemos ido enterando de su afición por los insectos y otros animales. En su gabinete Pao recrea en interiores la curiosidad que le inspiran los insectos vivos. Todas las tardes, tan pronto llega de la escuela, sale al patio, persigue por un rato a sus diminutos perros chihuahueños, el ínfimo Bambiro y la hiperactiva Tracy –a quien todos llamamos "Crazy"–, y luego se entrega a su tarea favorita: buscar mariposas. De pronto se le aparece a Dani, mi cuñada, con una mariposa pescada de las alas, valioso tesoro súbitamente privado de movilidad por el placer de observarlo de cerca. Las mariposas temporalmente rehenes de la niña naturalista casi siempre logran volver a la placidez de su vuelo. Aunque hay que admitir que algunas han llegado a sufrir desalineaciones y asimetrías por el apachurramiento de una pata o el estiramiento excesivo del nacimiento de las alas. Incluso ha habido bajas permanentes. Pao asimila estas pérdidas con serena naturalidad, como asumiendo el sacrificio de los pequeños seres voladores en pro de su curiosidad y disfrute. ¿Cómo aprendió Pao a ejercer esta supremacía sobre lo más pequeño, lo mudo, lo bello? ¿De dónde sale este deseo de observar, manipular, orderar el mundo natural? ¿Nature or nurture, preguntaré finalmente, nacemos con este deseo o lo aprendemos de los ejemplos alrededor?
Una tarde no hace mucho llegué tres minutos después de la hora a la oficina del profesor J. Había pasado dos semanas preparándome para esa reunión, la primera en la que intentaríamos hablar de la estructura de mi tesis. Después de varias noches de insomnio, un par de lecturas alumbradoras y una epifanía, venía decidida a defender una narrativa no convencional: un espiral, o más bien un nudo. Armada de notas que explicaban el tren de mi pensamiento desde nuestra última reunión, presenté con lujo de detalle las razones que sustentaban mi decisión. "La historia natural del XVIII es una entrada más suave al tema que la cosmogonía azteca"; "comenzar por el siglo XV le quedará demasiado lejos a los examinadores"; "esta historia ha sido un viaje y como tal hay que contarla". Pasados veinte minutos, paré. Entonces el profesor J se levantó en silencio, fue hacia la mesa que está junto a su impresora y me extendió un par de hojas: un artículo de Wikipedia sobre el socorrido recurso narrativo "In medias res", "en medio de las cosas". Así, en cuestión de minutos, aprendí que muchos, de Homero a Tarantino pasando por Tasso, Milton y Dante, han comenzado sus historias en medio de las cosas y no por el principio. Con económico pragmatismo, el profesor J me animaba a escribir mi nudo, sin importar por donde empezara. Arrancan también así estas notas.